-¿Lo ves?
-Noo, ¡¡no lo encuentro!!
-Que sí, mira, sigue mi dedo…
¡Seguro que os habéis visto en esta situación alguna vez! Y es que… ¿Os acordáis de la cabeza de Darth Vader que mencionamos en Facebook? Aquello era en la Catedral Nacional de Washington, pero aquí, en España, ¡también tenemos ejemplos para dar y tomar!
El más famoso de todos es el Astronauta de la Catedral Nueva de Salamanca. En 1992, el cantero Miguel Romero decidió incorporar esta figurita en la Puerta de Ramos dando pie a la leyenda del anacronismo: ¿Un astronauta en un edificio que se terminó en el siglo XVIII? ¡A lo mejor había una especie de Nostradamus salmantino merodeando por allí!
Nada más lejos de la realidad… tan sólo nos encontramos con el “checkpoint” del restaurador, o llamémoslo mejor “su guiño personal para la posteridad”, ya que es una forma de dejar constancia de su trabajo en ese lugar.
¿Pero eso se puede hacer? Eso me preguntaba yo, y sí, por lo visto sí, siempre que ese elemento no trastoque mucho la imagen del conjunto original. Vamos, que sea discreta. Se supone que así distinguiremos la parte restaurada de la original y en el futuro sabrán en qué época se realizó dicha modificación.
Aunque sabemos que basta con que la piedra nueva sea un pelín diferente a la antigua, ¿creéis que es buena idea incluir figuras anacrónicas en los edificios históricos? La verdad es que alimentan las leyendas del lugar y atraen a muchos visitantes… ¿Vosotros qué pensáis?
PS: ¡Por cierto! Mirad lo que le hicieron a nuestro astronauta en 2010… ¡Le dejaron sin brazo unos “inciviles”! Y ahora lo tiene reconstruido y parece que lleva una escayola… (por aquello de marcar la diferencia con el tipo de piedra, supongo :S) ¡Pobrecito!






















